Por Eduardo Boné-Morón (Gerente sénior de Transporte Marítimo Global del Fondo de Defensa Ambiental y Presidente del Instituto de Pesca del Golfo y el Caribe), Tanja Lieuw, Fabian Kyne y Tadzio Bervoets
Este artículo es coescrito por miembros del Fondo de Biodiversidad del Caribe (CBF) y Fondo de Defensa Ambiental (EDF).
El huracán Melissa, de categoría 5, azotó el Caribe la misma semana en que representantes de decenas de naciones y organizaciones caribeñas se reunieron en Cartagena, Colombia, para la 78.ª Conferencia del Instituto de Pesca del Golfo y el Caribe (GCFI). Entre sesiones, los asistentes consultaban sus teléfonos, ansiosos por recibir noticias de sus países de origen. La tormenta fue un claro recordatorio de que el cambio climático no es un riesgo futuro para la región. Está aquí ahora, y las decisiones que tomemos hoy determinarán la preparación de nuestras comunidades para las próximas tormentas.
Esta urgencia marcó el rumbo de toda la conferencia. Durante más de setenta y cinco años, GCFI ha sido una de las plataformas más confiables de la región, donde pescadores, estudiantes, científicos, ONG y funcionarios gubernamentales comparten conocimientos y transforman ideas en acciones concretas.
A medida que los países avanzan hacia sus objetivos 30×30 (el compromiso global de proteger al menos 301 TP3T de la tierra y los océanos del mundo para 2030), los debates se centraron en cómo construir los sistemas financieros necesarios para apoyar la conservación, de manera que reflejen la realidad de la vida cotidiana en el Caribe. Los océanos, la conservación, la adaptación al cambio climático y la descarbonización marítima ya no pueden abordarse por separado. Estos temas convergen en la costa, en los puertos, en las flotas de embarcaciones pequeñas y en la vida diaria de las comunidades, los pescadores y los operadores turísticos.

El ADN colaborativo del Caribe
Una sesión ilustró esta convergencia emergente: “Financiando el futuro”, organizada conjuntamente por el Fondo para la Biodiversidad del Caribe (CBF) y el Fondo para la Defensa del Medio Ambiente (EDF). En ella se exploró cómo la región puede construir la estructura financiera necesaria para impulsar la inversión, ampliar las acciones y apoyar a las comunidades costeras resilientes.
El progreso en el Caribe se logra mediante la colaboración. Grupos comunitarios, gobiernos nacionales, organizaciones regionales, investigadores y financiadores aportan elementos esenciales. El trabajo conjunto conduce a una financiación más eficaz, soluciones más duraderas y programas basados en las necesidades y el liderazgo de la comunidad.
Gracias al ecosistema colaborativo de GCFI, organizaciones como CBF y EDF han forjado sólidas alianzas. Un ejemplo de ello es el reciente proyecto codirigido por EDF, Wildlife Conservation Society y el Centro Nacional de Áreas Protegidas de Cuba, titulado “Aplicación de soluciones basadas en la naturaleza para aumentar la resiliencia costera y la capacidad de adaptación al cambio climático en áreas protegidas de Cuba”, financiado por CBF con el apoyo del Ministerio Federal Alemán de Medio Ambiente a través del Banco de Desarrollo KfW.
La lección de Cartagena fue clara: cuando financiadores, profesionales, gobiernos, pescadores e investigadores se reúnen pronto, se obtienen mejores soluciones.

Construyendo una arquitectura financiera mixta
Un sistema financiero mixto requiere que múltiples mecanismos trabajen conjuntamente:
- Las subvenciones financian proyectos piloto en fase inicial y la participación comunitaria.
- Los mecanismos basados en el desempeño recompensan a las comunidades por proteger los ecosistemas.
- Los fondos nacionales de conservación constituyen la base de una gestión financiera a largo plazo liderada por cada país, lo que reduce la dependencia de ciclos de financiación cortos.
- Las alianzas intersectoriales coordinan las inversiones en materia de océanos, energía y clima.
Al combinar estos enfoques, la financiación mixta puede acelerar la implementación de nuevas tecnologías, como motores eléctricos, infraestructura costera alimentada por energías renovables y el mapeo de ecosistemas a gran escala. Esto permite la restauración de arrecifes de coral y manglares con una magnitud y rapidez sin precedentes, priorizando a las comunidades y garantizando beneficios sostenibles.
Algunos elementos ya están tomando forma. Las iniciativas financiadas por CBF demuestran cómo la restauración de ecosistemas, los beneficios para la comunidad y la gestión sostenible a largo plazo se refuerzan mutuamente. Los Fondos Nacionales de Conservación demuestran cómo el fortalecimiento de las instituciones nacionales garantiza la sostenibilidad de la conservación más allá de las subvenciones individuales. Desde la firma de su primera alianza en 2016, CBF se ha convertido en una red de diez Fondos de Conservación en toda la región, además de dos mecanismos de financiación adicionales que otorgan subvenciones directas para iniciativas de Adaptación Basada en Ecosistemas y Economía Circular Avanzada.
La transición energética como catalizador de la resiliencia
Un tema importante que surgió durante la sesión: la transición energética ofrece una gran oportunidad para el Caribe. Una acción climática significativa, basada en la colaboración y las alianzas comunitarias, fortalece tanto la estabilidad económica como la conservación marina.
Las pequeñas embarcaciones contribuyeron a visibilizar esta conexión. Son parte de la vida cotidiana en el Caribe, pero su dependencia de los combustibles fósiles importados expone a las comunidades a costos volátiles e incertidumbre económica. Esta vulnerabilidad se convierte rápidamente en vulnerabilidad climática.
Estudios de viabilidad recientes en las Bahamas demostraron que la electrificación de embarcaciones pequeñas puede reducir los costos operativos, disminuir las necesidades de mantenimiento, reducir la contaminación costera y crear nuevos empleos técnicos. Más importante aún, demostraron que la energía limpia y confiable aporta beneficios tangibles e inmediatos a las comunidades, mejorando la calidad de vida de las personas y protegiendo los ecosistemas.
La transición energética incorpora nuevos actores y oportunidades al debate: ministerios de energía, fondos climáticos e innovadores privados. Oportunidades similares están surgiendo en toda la región, desde muelles alimentados con energías renovables hasta soluciones de energía limpia que apoyan la gestión de áreas protegidas.

Un plan maestro para el Caribe
Lo que surgió de Cartagena no fue un plan definitivo, sino una dirección compartida. El Caribe está empezando a mostrar cómo la transición energética, la financiación para la conservación y el liderazgo comunitario pueden reforzarse mutuamente.
CBF continúa desarrollando marcos financieros a largo plazo, con base nacional, que apoyan a los países más allá de los ciclos de proyectos individuales. EDF y otros profesionales aportan perspectivas basadas en las realidades de las comunidades. GCFI reúne las voces que garantizan un diálogo honesto y práctico. Los gobiernos y los pescadores fundamentan el trabajo en las realidades de la vida cotidiana.
La oportunidad ahora reside en reunir estas piezas para formar un sistema regional coherente, capaz de impulsar a los países desde las ambiciones globales hasta el trabajo cotidiano de mantener las áreas protegidas, apoyar los medios de subsistencia y fortalecer la resiliencia.
Para los caribeños, este esfuerzo no es simplemente una respuesta a las ambiciones internacionales, sino que refleja nuestra necesidad de fortalecer nuestra capacidad de adaptación ante tormentas como el huracán Melissa y las presiones persistentes que siguen degradando los ecosistemas de nuestra región.
Si la región tiene éxito, las lecciones aprendidas y el modelo trascenderán sus fronteras.